Buscadores

Ana Ines Martinez





Gabriel Romano

Nací en el 73, en setiembre, el 11…ese día en Santiago mataron a Salvador Allende.

Gracias a los cabeza duras de mis padres estudie en la escuela, el liceo y la universidad publica de este país. Escuela a la que me gustaría mucho poder enviar a mis hijos, porque allí no solo se aprendía a leer y a escribir, sino a ser solidarios, aceptar al otro, ser aceptado, además la competencia era solo para el recreo, y ni hablar del recuerdo que tengo del amor profundo de las maestras .

Estudiando en la Facultad de Ciencias Sociales, descubrí mí pasión por el periodismo, y una vez que egrese, la sociología fue quedando de lado.

Estuve en Sarandí un montón de años, hasta que por motivos que aún desconozco un día no estuve más. Empecé en Televisión en el 2001, una patriada, Poder Ciudadano junto a Miguel Nogueira. Paralelamente un proyecto periodístico maravilloso, Aquí y Ahora con Fernando Butazzoni, que dejo hondas huellas en nosotros y en unos cuantos miles.

Después, también en televisión, Buscadores y los mediodías se transformaron radicalmente.
He trabajado además en proyectos de producción teatral y musical, en investigaciones sobre economía de la cultura, junto al entrañable Luis Stolovich, y en proyectos de investigación vinculados a la educación pública del país. En el 2007 el flaco Denevi (uno de los tipos preclaros de la cultura de este país) me invito a trabajar junto a él en el equipo de dirección de la Comedia Nacional, lamentablemente él se fue, yo segui. Ahora dirijo los informativos de TV Ciudad, un canal de televisión que creo es lejos el mejor desde el punto de vista de su manejo y producción audiovisual.

Pero la realidad es que mi verdadera pasión esta en otro lado. Disfruto casi patológicamente de mis ratos libres sentado frente a mi discoteca, a veces sin decidirme que escuchar. Desde Puccini a Cazuza, pasando por Gillespi, descubriendo las más coloridas sonoridades del Brasil, hasta la insondable y maravillosa “oscuridad” de Milles Davis.

Éxtasis con apellido Spinetta, furia en la Ciudad de Pobres Corazones de Páez. La apacible poesía de Ruben Olivera, el son de los Van Van, el virtuosismo de Yo Yo Ma, el barroco latinoamericano (que existe), los desgarradores cellos de Apocalíptica, la afinada guitarra de Clapton, el sonido único de los Beatles, la voz de Sinatra, el ritmo vital de la canción napolitana. Los nuevos sonidos de Chemical Brothers, siempre el negro, el Jaime…  Hoy hay además otros sonidos que me desvelan, son los de Salvador y Antonia, los verdaderos sonidos de la vida.